Changslife

La noche del viento

Hola a todos,

El post de hoy es bastante especial y personal, pues precisamente hoy hace cinco años que el Señor Chang y yo nos conocimos por segunda vez. (Es curioso que nos conociéramos unos meses antes, de pasada, en los jardines de la universidad cuando acompañé a nuestra celestina a que le diera no se qué).

Pero podemos decir que el 3 de Marzo del 2009 fue el día.

Hacía una noche horrible de aire y frío, pero unos días antes habíamos quedado en que ese Jueves se salía sí o sí (ayyy aquéllos maravillosos años de salir los Jueves al parking de la Universidad de Valencia…), y aquél temporal no nos iba a frenar, y menos a mí que sabía que iba a conocer a alguien especial.

En mi residencia éramos bastante pijillas y si salíamos había que enfundarse un little black dress (que por aquél entonces no sabíamos que se llamaba así) y taconazos. Y vaya tacones, que yo aún no me explico cómo aguantaba hasta las 7 de la mañana. Porque claro, debo aclarar una cosa, mi resi cerraba a las 23.00 entre semana y no abría las puertas hasta las 7.00, con lo cual se salía a darlo todo, o nada.

Después de la cena, unas cuantas jovenzuelas y una servidora emprendimos la marcha de unos 2 kilómetros sobre esos taconazos hasta llegar al nada lujoso punto de encuentro universitario de aquél entonces. Recuerdo estar muy emocionada, porque hacía tiempo que no me sentía especial, y esa noche era sin duda mi noche.

Recuerdo el airazo que soplaba por una de las avenidas principales de la zona universitaria, donde mi amiga Á. casi sale volando. La verdad sea dicha, el viento jugó bastante a nuestro favor ya que nos empujaba por detrás y nos ayudaba a avanzar un poquito, haciendo algo más corto aquél larguísimo y solitario trayecto.

Una vez ubicadas en el “Colacao”, un edificio cilíndrico bastante característico de la zona, nos pusimos a beber como mandaba la costumbre. Pegada a mi móvil, porque esperaba ansiosa a que C. recibiera y acudiera a mis coordenadas, esperé un buen rato a que aparecieran ella, él, y sus coleguis.

Lo que primero me llamó la atención del Señor Chang fue su pelo, iba muy repeinadito, con camisa y un jersey muy colorido y suave. Me pareció un chico apañao. Además, olía muy bien, lo cual le dio muchos puntos en muy poco tiempo.

Se unieron al corrillo, y empezamos a hablar. Recuerdo que se apostó una copa con R. si acertaba cómo se llamaba el grupo que cantaba la canción que alguien había tarareado por la zona. Me acuerdo de R. preguntando a todo quisqui si conocían el nombre del grupo de aquélla famosa canción. Resultó ser “Fenómeno” de Los Caracoles.

También recuerdo que me contó una experiencia reciente en una boda, del calor que pasó con el traje en pleno Julio. Lo gracioso fue sobretodo escucharle con ese nuevo acento, tan andaluz, y esa voz, tan grave.

Después pasó algo memorable. Nos encontrábamos sobre un pasillo elevado, muy cerca de las escaleras. El hielo se había ido derritiendo próximo al primer peldaño. En una de esas, el Señor Chang se acercó demasiado a este fatídico lugar, resbalándose y cayendo rodando hacia atrás escaleras abajo, como en las películas. Pero eso no fue lo memorable, lo tremendamente gracioso fue que no se le cayó ni una gota del RonCola que se acababa de servir! El público próximo a la escena se quedó boquiabierto, aplaudiendo y diciéndole al Señor Chang que era un máquina porque no había derramado ni una gota de la recién servida copa. Eso le salvó de lo que podría haber sido un ridículo bastante evidente. (Esa fue la primera torpeza de muchas de las que le han ocurrido delante de mí en el transcurso de estos cinco años).

Después no recuerdo muy bien qué pasó, sólo que sus amigos decidieron irse a casa, mientras que él decidió quedarse con C. (nuestra celestina) para acompañarnos a la discoteca más molona de Valencia, que por desgracia cerró hace unos años. Ponían pop español de toda la vida, súper bailable. Recuerdo que siempre que iba allí lo pasaba fenomenal.

Llegamos a la discoteca, y nos quedamos solos él y yo. Él muy hablador, yo muy tímida. Hacía tiempo que no estaba con un chico a solas y me sentía súper torpe. Él llevó el peso de la conversación, mientras yo miraba para los lados un poco intranquila, para comprobar si mis amigas seguían allí, lo que con los años he descubierto que le incomodó bastante. (Sorry)

Me contó un chiste relacionado con el toupé de Elvis, y de si tendría o no licencia de obras. En ese momento me hizo mucha gracia aunque él diga que no.

Cuando nos íbamos a despedir, me pidió el número. Intercambiamos los móviles y cuando nos disponíamos a volver al grupo, se me cruzó un cable. Estaba muy a gusto con él. Y había sido todo un gentleman. Le agarré del jersey, lo traje hacia mí y para su sorpresa, le planté un beso. Al poco, empezó a sonar “La chispa adecuada” de Héroes del silencio. Él se apartó un momento, y me dijo que no podía creerse que estuviera sonando esa canción, que era una de sus favoritas. Obviamente, cada vez que la escucho revolotean las mariposas. (Cursi, sí. Verdad, también).

Encendieron las luces, y por esa noche, se acabó la magia.

Un mes después, se hizo oficial. Y cinco años más tarde, aquí seguimos, con mucha ilusión depositada en una relación que se ha ido consolidando poco a poco. Tremendamente feliz y afortunada, así me siento hoy.

¡Que viva el amor!

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s