Changslife, Estilo de vida

Momentos para el recuerdo.

Buenas a todos,

Por un sinfín de motivos llevo sin escribir en el blog un montón de tiempo, no obstante, tenía muchas ganas de teclear de nuevo.

Hoy os quería hablar de la importancia que tiene saltarse la monotonía en pareja (o en solitario), que es uno de los peligros más comunes a los que nos enfrentamos, por ejemplo nosotros, que llevamos casi 6 años juntos.

Este fin de semana decidí unilateralmente hacer algo diferente a lo que estamos acostumbrados y, pese a que teníamos una actividad programada para el viernes por la tarde, el resto quería que fuera algo diferente.

Para empezar, tachamos de la lista la visita a IKEA que el Señor Chang tenía pendiente para el viernes por la tarde. Pese a que hay mucha gente que odia ir a este centro, yo paso un rato genial. Aunque no necesite comprar nada, me encanta mirar los expositores, coger ideas, ver las nuevas colecciones de textiles… si no me gustara, mal iríamos, porque voy camino de ser arquitecta y el interiorismo y el diseño siempre me han interesado.

Lo pasamos en grande porque, además, estrenamos el regalo de Reyes que el Señor Chang le pidió a Baltasar para mí: una Qumox sj4000. Me lié a hacer clips de video cortitos y sin avisar, y como el Señor Chang es un payaso de cuidado,  al final montamos un video graciosísimo.

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Una vez superado el tema IKEA, decidimos estrenar otro de los regalos que el Señor Chang me hizo en San Valentín (Vaya novio más detallista, eh?), de la mano de Mr.Wonderful. Teníamos muchas ganas de estar a solas y relajados para jugar al juego de preguntas que viene en el pack. Tumbados en el sofá y súper relajados, nos hicimos todas esas preguntas que, en su mayoría, nunca nos habíamos planteado. Fue divertido conocer algunas cosas que creíamos saber del otro, y, aunque el Señor Chang se lo tomó como una competición (ejem, ejem), a mí me pareció muy romántico.

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kit wonder 2

Después tocó ir a cenar y, pese a que estábamos cansados y todo apuntaba a que íbamos a acabar donde siempre, el espíritu de romper con la monotonía nos llevó a probar un sitio nuevo en Murcia: La cueva de la cerveza. Probamos un par de cervezas artesanales riquísimas recomendadas por el camarero (porque la carta contaba con más de 50 tipos de cerveza y decidirse no era tarea fácil). Tomamos Leyenda (Cántabra) y El molino del río (Murciana), que acompañamos con una selección de salchichas alemanas con diferentes salsas. Todo un acierto.

cueva de la cerveza

cerves

A la mañana siguiente yo seguía con el gusanillo de hacer algo diferente pero no sabía muy bien si podríamos, por el mal tiempo y porque el Señor Chang tenía que echar horas extras de curro. Al final pudo ser. De nuevo, vencimos la pereza, luchamos contra la rutina y cogimos el coche para ir algo más lejos de lo habitual. Decidimos ir a una playa que, estando en Murcia, yo no conocía todavía (y el Señor Chang menos). Nos fuimos a Cabo de Palos, a la zona del puerto, donde por fin pude ver lo que tantas ganas tenía desde hacía semanas: el mar. Comimos en El pez rojo, un restaurante típico de la zona. Me encantó ver, resguardados del aire, cómo cambiaba el color del mar mientras pasaba el rato de la comida. Como el tiempo estaba tan inestable, de momento salía un sol espléndido y al rato se nublaba muchísimo.  Allí probamos el caldero (plato de arroz típico del Mar Menor) que nos supo a gloria.

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La vuelta se asemejó un poco a lo que hicimos en IKEA con la Qumox. Me puse a grabar pequeños clips que, con un poco de música y el cachondeo propio del Señor Chang, se convirtieron en un graciosísimo video para el recuerdo.

Estos maravillosos instantes nacieron gracias al “esfuerzo” por salir de esa temida rutina también conocida como “zona de confort”. Merece la pena intentarlo. Hay que aprovechar la vida, que es muy corta. Vencer la pereza, el miedo… y descubrir nuevas cosas y lugares cada vez que tengamos la oportunidad. No hace falta irse a la otra punta del mundo para tener algo que contar. Tenemos que aprovechar cada instante para llenar nuestro álbum personal de vivencias y experiencias, si no, cuando echemos la vista atrás será demasiado tarde. Este sin duda es uno de los propósitos que yo me he planteado para este 2015.

Yo se lo dije al Señor Chang cuando nos sentamos a la mesa de ese restaurante, y vi el mar al otro lado de la cristalera: “Este momento no lo voy a olvidar jamás, gracias por traerme.” Como veis, no tuvimos que coger una avión, ni siquiera un tren, pero hicimos algo nuevo y lo más importante, juntos, que no se nos va a olvidar nunca.

Y vosotros, ¿Os animáis a salir de vuestra zona de confort?

Hasta la próxima corazones.

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